Método / En cifras
¿Se publican demasiadas revisiones sistemáticas?
El número de revisiones sistemáticas se ha multiplicado por seis en una década, mucho más rápido que la ciencia en su conjunto. Con ese ritmo llegan la redundancia y el desperdicio. Esto es lo que dicen los datos sobre si son demasiadas.
En 2025 se publicaron más de cien mil revisiones sistemáticas en todo el mundo, seis veces más que una década antes. Ese crecimiento tiene una parte positiva, que contamos en cuántas revisiones sistemáticas se publican cada año. Pero cuando algo se produce a ese ritmo, aparecen los duplicados y el desperdicio. La pregunta incómoda es si de verdad hacen falta tantas revisiones sistemáticas, o si se publican demasiadas.
Crecen más rápido que la ciencia
El dato de partida lo puso John Ioannidis en 2016, en un artículo muy citado de la revista Milbank Quarterly. Entre 1991 y 2014, el número de revisiones sistemáticas publicadas al año creció un 2.728 % (de 1.024 a 28.959) y el de metaanálisis un 2.635 %. En el mismo periodo, el conjunto de la literatura científica de PubMed creció solo un 153 %. Es decir, la síntesis de evidencia aumenta muchísimo más rápido que la evidencia que sintetiza.
Que la producción crezca más deprisa que la propia evidencia obliga a preguntarse de dónde salen tantas revisiones nuevas y si todas responden a una necesidad real.
El problema de la redundancia
El síntoma más visible es la repetición. Ioannidis documentó casos extremos, entre ellos 185 metaanálisis distintos sobre antidepresivos para la depresión publicados entre 2007 y 2014 y 21 metaanálisis sobre el uso de estatinas para prevenir la fibrilación auricular tras la cirugía cardiaca. Son 185 respuestas a la misma pregunta, muchas veces solapadas y a veces contradictorias entre sí.
Cuando decenas de equipos sintetizan la misma evidencia por separado, el resultado suele ser más confusión que conocimiento. El lector se encuentra con varias revisiones sobre su tema y no sabe cuál creer. Y no es un caso aislado. Que el tema con más revisiones sistemáticas sea la propia metodología indica que el campo lleva años preocupado por este problema.
Cuántas sobran, según Ioannidis
La estimación de Ioannidis es dura. Analizando los metaanálisis publicados, calculó que en torno a una de cada seis eran claramente engañosos (sobre todo metaanálisis de estudios genéticos), alrededor de una de cada tres eran redundantes o innecesarios, y del resto, cerca de la mitad tenía fallos metodológicos serios. Su conclusión, muy citada, es que posiblemente la gran mayoría de las revisiones sistemáticas y metaanálisis que se publican sean innecesarios, engañosos o estén en conflicto de interés, y que a menudo funcionan más como unidades de publicación fáciles o herramientas de marketing que como aportaciones a la evidencia.
Conviene tomar estas cifras como lo que son. La valoración de un autor influyente, no una medida universal. Pero el diagnóstico de fondo, la sobreproducción y la redundancia, está ampliamente reconocido.
Cómo asegurarte de que tu revisión aporta
La buena noticia es que evitar contribuir al problema está en tu mano, con prácticas que además mejoran tu trabajo.
- Busca antes de empezar. Comprueba si ya existe una revisión reciente y de calidad sobre tu pregunta exacta. Si la hay y está bien hecha, quizá lo útil sea actualizarla en vez de repetirla (mantener las revisiones al día es un reto incluso para Cochrane).
- Registra el protocolo. Un protocolo en PROSPERO hace pública tu intención y ayuda a que otros no dupliquen tu trabajo (y tú el suyo).
- Justifica por qué hace falta la tuya. Si ya existen revisiones, explica si la nueva aporta estudios recientes, un método más sólido o una población distinta.
- Cuida el método. Buena parte del problema es de calidad. Muchas revisiones están mal hechas. Una evaluación del riesgo de sesgo seria y una búsqueda reproducible marcan la diferencia entre aportar y estorbar, y ayudan a no arrastrar estudios que luego se retractan.
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Entonces, ¿son demasiadas?
La respuesta tiene un matiz. No sobran las revisiones sistemáticas como formato, que siguen siendo la mejor forma de sintetizar evidencia. Sobran las que se hacen sin comprobar si eran necesarias y sin el rigor que exige el método. El objetivo no es publicar menos por publicar menos. Se trata de que cada revisión nueva aporte algo que no estuviera ya. Hecha así, una revisión sistemática nunca sobra.
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Preguntas frecuentes
¿Se publican demasiadas revisiones sistemáticas?
Muchas voces del propio campo creen que sí. El número crece mucho más rápido que la literatura científica en su conjunto (un +2.728 % entre 1991 y 2014, frente al +153 % de toda la literatura, según Ioannidis), y esa sobreproducción trae redundancia y desperdicio. El formato no es el problema; lo son las revisiones innecesarias o mal hechas que se acumulan.
¿Cuántas revisiones sistemáticas son redundantes?
No hay una cifra única, pero los ejemplos son llamativos. Se han llegado a publicar 185 metaanálisis sobre antidepresivos para la depresión en solo siete años. Analizando los metaanálisis, Ioannidis (2016) estimó que en torno a uno de cada tres es redundante o innecesario, además de uno de cada seis claramente engañoso (sobre todo de estudios genéticos).
¿Qué es el «research waste» o desperdicio en investigación?
Es la parte de la investigación que no aporta valor. Estudios mal diseñados, no publicados, mal reportados o simplemente innecesarios porque repiten lo ya sabido. Las revisiones sistemáticas redundantes son un ejemplo claro. Consumen tiempo y recursos sin añadir conocimiento nuevo.
¿Cómo evito hacer una revisión sistemática redundante?
Busca antes si ya existe una revisión reciente y de calidad sobre tu pregunta exacta. Registra tu protocolo en PROSPERO para hacer pública tu intención. Y si ya hay revisiones, justifica qué aporta la tuya (más estudios, mejor método, otra población). Si existe una buena y está anticuada, actualizarla suele ser más útil que empezar de cero.